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De monstruos y otros miedos en niños

Creado por NESTLE® Colombia

 

La etapa preescolar, por coincidir con tantos cambios y nuevos aprendizajes, ocasiona en los niños miedos, pesadillas o los llamados terrores nocturnos, todos alimentados por no saber diferenciar la realidad de la fantasía y por la inmadurez de su sistema nervioso central.

 

Por: Sandra Patricia Aguja Zamora.

3:00 a.m. Quedas completamente sentada en la cama. Un grito de tu hijo te acaba de despertar. Ingresas en su habitación y… ¡sorpresa!: está dormido, pero se agita en su cama y grita o llora inconsolablemente. Si una situación así la vives con tu pequeño, no pierdas el sueño. Siempre hay una solución para todo lo que tiene que afrontar en cada una de sus etapas de crecimiento.

 

Cazadores de monstruos

 

  • Primera regla que debes cumplir ante sus miedos: no subestimarlo. Recuerda que a sus 3 años su imaginación no tiene límites. Por lo que es absolutamente normal, que al quedarse a oscuras, tu pequeño vea monstruos en su armario o que te diga con absoluta certeza que se encuentran debajo de su cama o detrás de la cortina de su cuarto. ¿Qué opciones te quedan? Entender sus miedos, no ignorarlos y mucho menos reírte o burlarte de estos. Por el contrario, para que supere esta etapa de “terror”, debes convertirte en un aliado de tu hijo.

 

  • Segunda regla: escúchalo. Si tu hijo percibe que te interesas por su situación, se sentirá apoyado, protegido y amado. Por eso, pregúntale qué le asusta y a qué le tiene miedo, ya que cuando habla contigo, esa ansiedad que le producen sus miedos disminuirá.

 

  • Tercera regla: apóyalo. Para que supere sus miedos, antes de llevarlo a la cama, recorre, como cualquier cazador de monstruos, el cuarto con tu hijo. Muéstrale que en su armario no se esconde ninguno, abre con él todas las puertas, corre las cortinas y miren debajo de la cama. Si quieres reducir su estrés a la oscuridad, déjale en su cuarto una luz nocturna –pequeñas lámparas con diseños infantiles que se instalan en el tomacorriente– o permítele llevar a la cama un muñeco o peluche con luz para dormir.

 

  • Cuarta regla: controla lo que ve en televisión. Como aún no puede diferenciar entre la realidad y la fantasía, tu hijo puede llevar a su habitación y a sus sueños a cuanto personaje ve en la televisión. Por lo tanto, si lo que está viendo no es lo más adecuado para su edad, apágale el televisor. Además, para reducir su ansiedad, así como su mundo de fantasía, en palabras que tu pequeño pueda entender explícale cómo se producen los programas o películas animadas.

 

  • Quinta regla: léele un cuento antes de dormir. Como el miedo a la oscuridad y a los monstruos son tan comunes en los niños, muchos autores de cuentos infantiles se han dedicado a recrearlos en sus historias y a convertir a los monstruos en personajes amigables. Estos momentos de lectura se convertirán en el espacio ideal para demostrarle tu amor y apoyo, y para tu hijo serán la mejor terapia para aprender a manejarlos.

 

¿Y qué pasa con las pesadillas y los terrores nocturnos?

 

  • Son sueños que producen miedo y despiertan al niño. Suelen darse en la segunda mitad de la noche, entre las 4 a.m. y 6 a.m. A sus 3 años, tu hijo comenzará a experimentar sus primeras pesadillas, que se acrecentarán si enfrenta alguna situación que le cause ansiedad o inseguridad. Entonces, no te angusties si ocasionalmente tiene alguna.

 

Para entender si es una pesadilla, debes saber que tu pequeño recordará las imágenes de lo que estaba soñando, no se moverá ni agitará y gritará sólo al despertar. Como sentirá miedo, posiblemente te llame o acuda a ti llorando para que lo consueles. Ante esta situación, por más sueño que tengas, no puedes negarte y mucho menos regañarlo o gritarlo para que vuelva a acostarse. Por el contrario, debes hablarle y escucharlo para que se tranquilice; también decirle, con palabras que pueda entender, que lo que soñó no es real.

Si tu hijo tiene problemas para conciliar nuevamente el sueño, déjale la luz de su cuarto encendida y acompáñalo. Pero si está muy atemorizado, no importa si le permites dormir el resto de la noche contigo.

 

  • Terrores nocturnos. Son más intensos que una pesadilla y son considerados un trastorno del sueño. Estos terrores suelen presentarse en la fase de sueño profundo, entre la 1 a.m. y las 3 a.m. Como son una inesperada reacción de miedo, generalmente ocasionan en los niños alucinaciones, agitación, susto, gritos, llanto incontrolable y mirada fija. Por muy aterradora que te parezca la escena, porque además tu hijo posiblemente se siente en la cama y presente un ritmo cardíaco y una respiración más acelerados y sude, lo más seguro es que continúe dormido, por lo que no es recomendable despertarlo. Si abre los ojos, por ser una situación momentánea, pronto se calmará y conciliará el sueño sin problemas, ya que los terrores nocturnos no se recuerdan.

 

La solución es esperar a que pase y quitar de su lado cualquier objeto con el que pueda lastimarse. En el caso que lo despiertes, tu hijo se sentirá confundido, ya que no entenderá por qué te encuentras en su habitación ni lo que está pasando. Como entrará en un proceso de desorientación, le costará más volver a quedarse dormido.

Los especialista en el sueño aclaran que los terrores nocturnos se presentan por una hiperactivación del sistema nervioso central durante el sueño, que a esta edad –3 años–, todavía se encuentra en maduración. También los atribuyen a la herencia. La gran mayoría de los niños que los presentan en esta etapa tienen algún familiar que en su infancia los experimentaron o sufrieron de sonambulismo. El estrés es otro detonante; por eso presta atención a todo aquello que en tu hijo genere ansiedad o demasiado cansancio. Por último, la fiebre y ciertos medicamentos también pueden aumentar las fases de sueño profundo.

La gran noticia es que este trastorno afecta a muy pocos niños y tratando el tema estadísticamente, los terrores nocturnos inician en la etapa preescolar y se mantienen hasta los 12 años, son más frecuentes en los niños que en las niñas y desaparecen en la medida que el sistema nervioso de los pequeños madura.

Tu hijo debe saber que los monstruos no existen. Sin embargo, para enseñárselo, no utilices frases descalificadoras como: “Eres un miedoso”, “Eres un bebé”, “No te quiero por cobarde”… ya que estarías afectando su autoestima, así como su confianza hacia ti, por lo que preferirá no volver a compartir sus sentimientos contigo.

 

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