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Cómo prepararse para el jardín infantil

 

Escrito por: Camilo Bolívar

Asesorado por la Doctora, Magister y Licenciada en Educación Preescolar Marcela Contreras Avellaneda

Mientras habitó en tu vientre y durante algún tiempo después de nacido, tu bebé y tú se han fusionado casi en un mismo ser, indisolubles y juntitos de arriba para abajo sustentándose en los vínculos del afecto y del amor.

Y aunque por diversas razones has tenido que alejarte de él por breves instantes, ahora se presenta una separación frecuente y de horas. Ha llegado el momento de que ingrese al jardín infantil, un mundo novedoso, impactante y de atrayentes aventuras, pero al que muy seguramente le costará unos días adaptarse.

Pero no te desligues momentáneamente de él porque no te deja tiempo ni espacio para tus obligaciones laborales, compromisos sociales o relaciones emocionales. Hazlo porque en ese pequeño y fascinante universo hallará un ambiente ideal para socializarse, interactuar con otros pequeños, aprender miles y miles de juegos y actividades y adquirir múltiples conocimientos y responsabilidades.

 

Preparándolo en el hogar

La adaptación del pequeño no comienza cuando lo dejas el primer día de clase frente a la puerta del jardín y le dices a la profe: “se lo recomiendo, por favor cuídemelo mucho”. Con dos semanas de anterioridad a su ingreso puedes seguir ciertos parámetros que probablemente facilitarán su proceso de adaptabilidad a la institución educativa.

 

Dile a dónde va. Cuéntale en tono agradable y optimista que entrará a un jardín infantil donde conocerá nuevos amiguitos y jugará mucho. Puedes hacerlo en forma de historietas, cuentos, dibujos o, incluso, sociodramas.

 

Ponle rutinas. Desde ya es el momento de establecer horarios para que paulatinamente se acostumbre a los nuevos hábitos, como acostarse y levantarse temprano para que duerma lo necesario, alistarlo con suficiente tiempo y darle con calma un buen y nutritivo desayuno.

 

Bríndale seguridad. En el jardín descubrirá todo el potencial que tiene para aprender y desarrollar habilidades y destrezas físicas, sociales y emocionales. Pero desde antes puedes inculcárselas para que el día de su debut llegue entusiasmado y motivado para vivir experiencias inolvidables. Ponlo a cantar, dibujar, bailar, armar…

 

Llévalo con antelación. Permítele que días antes conozca las instalaciones, a las profesoras y, de ser viable, a sus compañeritos. Esta familiarización con su nuevo entorno le facilitará la socialización y el ingreso tanto a la institución como al mundo real que se vivencia fuera de su hogar.

 

¡Y llegó el día!

Llanto, tristeza, pataletas, rabia, impotencia, enfermedades… Son muchos los sentimientos y comportamientos expresados por algunos niños cuando se separan de su querida mamá. Pero la repentina animadversión hacia ti por actuar con tanta “crueldad”, tal vez será tema de pocos días si tienes en cuenta algunas recomendaciones.

 

Recuérdale dónde estará. Antes de partir al jardín repítele con afecto y claridad que durante un tiempo estará en un lugar muy bonito, con buenos compañeritos y con la posibilidad de realizar múltiples actividades o juegos y de aprender muchas cosas.

 

Llévalo y recógelo. Si está dentro de tus posibilidades, es recomendable que asistas con él los primeros días, que entres hasta al salón (sin demorarte demasiado) y que lo recojas cuando salga, pero trata de cumplir con la hora específica que le dijiste para que no experimente la sensación de abandono ni se sienta frustrado y engañado. Tu acompañamiento le permitirá sentirse respaldado y querido.

 

Involúcrate en su experiencia. Al ir por él pregúntale qué tal se sintió, qué actividades realizó, lo que aprendió, a quién conoció o cómo le fue con la profesora y prémialo material y emocionalmente con dulces o abrazos. Participar activamente de su relación con el jardín, le brindará más confianza y le indicará que tienes interés en saber cómo es su desarrollo en el nuevo espacio de socialización.

 

Actúa con calma. Para ti también debe ser difícil apartarte de él, pero al dejarlo en el jardín no demuestres tristeza, debilidad o arrepentimiento sino seguridad, control y confianza. Aunque te parta el corazón, despídete rápido, recuérdale que lo amas y dile que muy pronto volverán a estar juntos. De pronto la compañía de algún muñeco, la cobija de su agrado o un juguete especial lo reconfortará y le permitirá sentirse mejor y tranquilo.

 

Para recordar

Antes de matricularlo asegúrate de que estará en una buena institución, con buena infraestructura, con los papeles al día, con profesionales idóneos y receptivos, con altos niveles de seguridad y medidas de protección. Comprueba que se le tratará con respeto y que se le inculcarán valores y principios positivos y firmes, no sólo durante su estadía allí sino extensibles para toda su existencia.

 

Aunque no hay una edad inicial indicada para inscribir a tu bebé en el jardín, para una mejor inclusión sería ideal a los dos años. Sin embargo, es comprensible que por factores como estudio o trabajo tengas que hacerlo a más temprana edad. En dicho caso, vale la pena analizar si es mejor dejarlo en una sala cuna o en un lugar que atienda menor cantidad de niños y le ofrezcan la posibilidad de prestarle mayor atención.

 

Si tu bebé llora los primeros días o semanas no es motivo de alarma. Pero si se alarga demasiado el periodo de adaptación, es recomendable que dialogues con los encargados del jardín y con las profesoras para saber bien cuál es el motivo y, si es del caso, explorar otras alternativas.

 

Por último, no desfallezcas si no resulta exitoso el ingreso al jardín en un principio. La nueva experiencia de adaptación debe ser gratificante para ambos, motivo por el que es aconsejable asumirla con paciencia y persistencia. No dudes de que esta influirá de forma determinante en la vida escolar de tu hijo.

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